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[MGMT – Time To Pretend]


“Señores pasajeros gracias a su buen corazón puedo tener un plato de comida para mis hermanitos”. Hasta ahí, parece ser el clásico papelito, definitivamente muy fotocopiado, que suelen entregar esa legión de niños que dicen responder al nombre de Miguel. Dicen. Lo extraño es que esta vez lo entregó un señor de unos 50 años, fácil, un metro ochenta y cinco. Cuesta tomarlo en serio.
Cuando uno es chico (o un pibe adinerado mimado) y se aventura al transporte público, las primeras veces no puede sentir menos que lástima por esta gente. Con el tiempo, ya sea por costumbre, o por que uno se va endureciendo, ya no te importan tanto (suena fuerte lo sé) y/o aprendes a reconocerlos, estereotiparlos y hasta organizarlos (te sentís Darin en 9 Reinas). Solo podemos imaginar el negocio que se desarrolla realmente detrás de la “gente que pide”. El entrenamiento, el discurso controlado, el tono, la mirada, gesticulación. Desde ya, los chicos siguen siendo victimas, pero también futuros profesionales del mangueo. Si sobreviven.
¿Estaré paranoico?

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