[Metallica – Ain’t my bitch]
Los dos movemos nuestra mano izquierda al ritmo de la percusión. Ambos pies. Disimuladamente. Siguiendo un ritmo, con los ojos cerrados, sintiendo cada nota, casi empatizando con el músico. Pensando cómo se sentiría al momento de grabar. Nuestros sueños musicales asoman tímidamente desde el subconsciente. Gozamos. Nos llena. Nos llega.
Si no fuera por su apariencia cruza perfecta entre el estereotipo de fiolo y el de narco colombiano (reloj dorado y cadenas incluidas), diría que el tipo que tengo sentado al lado, está escuchando lo mismo que yo.


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